Contenido





domingo, 29 de agosto de 2010

Capitalismo, pero no como lo conocemos. (El Correo 29.08.10)

Capitalismo, pero no como lo conocemos.

Manfred Nolte

El capitalismo no ha muerto. Las crisis constituyen una fuente de reinvención y fortalecimiento. Cuando la economía se enfrenta a retos decisivos “emerge una nueva versión mejor dotada, que reemplaza a la forma dominante previa.”

Tal es la tesis de ‘Capitalismo 4.0: El nacimiento de una nueva economía’ de Anatole Kaletsky, redactor económico de ‘The Times of London’ y promotor con George Soros del ‘Instituto para el nuevo pensamiento económico’ de Nueva York.

Kaletsky identifica tres fases en la trayectoria del capitalismo.

La primera constituye el capitalismo del ‘laissez-faire’ que se extendió entre las guerras napoleónicas y la gran depresión. El texto sagrado fue ‘La riqueza de las naciones’ y la visión dominante postulaba la estricta separación entre economía y política.

Los años 30 dieron paso a la segunda fase, un capitalismo social keynesiano que se extinguió con la ‘stagflacion’ de finales de 1970, cuyo ideario defendía la alta deseabilidad de las intervenciones gubernamentales.

Su tercera mutación, el fundamentalismo de los mercados bajo el mandato de Reagan y Thatcher persistió hasta la actual crisis , asumiendo que los mercados producen resultados óptimos y que los gobiernos deben intervenir lo menos posible.

La crisis del Capitalismo 3.0. abre las puertas a una nueva fase evolutiva de su desarrollo: el Capitalismo 4.0.

Kaletsky atribuye la severidad de la presente crisis a una sucesión de “grotescos errores no forzados” especialmente en Estados Unidos. Su ira mas incontenida la dedica a Henry Paulson, el secretario del tesoro con George W. Bush que autorizó el colapso de Lehman Brothers abrazado a su fe ciega en los principios del libre mercado . La hipérbole es espectacular. Actuando así, señala el libro, “Paulson estuvo mas cerca de destruir el capitalismo que Marx, Lenin, Stalin y Mao Tse Tung combinados”.

¿Cuáles son las teorías económicas que sustentarán la nueva era y qué acciones políticas prevé Anatole Kaletsky que resucitarán al nuevo capitalismo de las cenizas del fundamentalismo de los mercados?

Los postulados teóricos son imprecisos y siempre supeditados a su instinto metodológico. Kaletsky hace suya la consideración de Max Planck según la cual “las ciencias avanzan a golpe de funeral”. Por supuesto que Kaletsky derriba sin piedad el edificio teórico que apuesta por los mercados libres sin regulaciones ni intervención estatal, en particular el principio de las ‘expectativas racionales’ sustentado en la ‘hipótesis de los mercados eficientes’.

Pero es en la esfera política en la que el autor británico vuelca el caudal de sus convicciones. Bajo el ‘Capitalismo 4.0.’ prevalecerá como valor mayor el pragmatismo, la experimentación y el método de ‘error y prueba’, conductas todas ellas en las que las ideologías cederán el paso al sentido común, “aunque ello implique incertidumbre, ambigüedad e inconsistencia”.

Tal y como lo describe Kaletsky, el nuevo capitalismo representa una síntesis hegeliana del 2.0 y del 3.0 aderezado con un punto de darwinismo. El mundo encara una transición que reconoce la propensión a errar tanto de los mercados como de los gobiernos y cómo en ocasiones estos errores resultan fatales. En consecuencia ambos están llamados a colaborar correspondiendo a estos últimos evaluar la acción de los mercados de forma pragmática, caso por caso, asignando diversos pesos a la regulación según los casos y circunstancias.

Kaletsky es esencialmente un optimista aunque sus pronósticos entrañen serios desafíos para la administración de la cosa pública. He aquí algunos de ellos.

Más gobierno pero más reducido. Un sector publico depauperado experimentará un adelgazamiento de estructura unido a la expansión de su influencia y responsabilidad.

Los objetivos simétricos de la fiscalidad, la exacción impositiva y la redistribución precisarán de una gestión mas sutil. La elección entre impuestos mas altos y recortes de los derechos sociales o una reducción sustancial en otras actividades públicas discrecionales será inevitable. Los servicios de salud se orientarán hacia modelos mixtos público-privados al igual que la educación superior. Salud, educación y pensiones en una población mas longeva que supone hoy entre el 20 y el 30% del PIB de las economías avanzadas , constituirán el principal reto de los años venideros.

Servicios públicos como correos y otros de infraestructura serán privatizados, las reglamentaciones financieras se endurecerán, los modelos chino y occidental seguirán sus pautas de competencia sin convergencia y la racionalización del consumo de materias primas y del agua se operará a través de la fiscalidad.

Existen muchos libros sobre la crisis presente. Pero Kaletsky logra situar los hechos en perspectiva proyectándolos al futuro mas allá de la cronología de los eventos. Su libro es una contribución mayor al debate económico que deberá suceder al fracaso del fundamentalismo de los mercados.

domingo, 15 de agosto de 2010

Precios de transferencia: una permisividad odiosa. (El Correo, 15.08.10)

Precios de transferencia: una permisividad odiosa.

Manfred Nolte

Hasta un 70% del comercio mundial, según estimaciones de la OCDE, se lleva a cabo por las empresas transnacionales(ETN). De este porcentaje una parte significativa –‘operaciones vinculadas’- tiene lugar en el entramado interno de filiales y sucursales establecidos en distintos países por el grupo de matriz común.

Esta realidad ejerce enorme influencia sobre el equilibrio de la fiscalidad global, sobre todo en la recaudación del sur, que ve esfumarse de sus arcas públicas las cuotas devengadas en su territorio por las grandes firmas mundiales, cuya cifra relativa de resultados es maquillada y transferida a otra unidad del grupo ubicada en un centro financiero de baja o nula imposición.

La problemática y notoriedad de los ‘precios de transferencia’ no es exclusiva de los países más desfavorecidos. En 2006 la farmacéutica GlaxoSmithKline zanjaba una larga disputa con las autoridades USA abonando 3100 millones de dólares como sanción a una política de precios distorsionados. La alarma ha aumentado al detallar ‘Bloomberg’, en mayo pasado, que las ETN estadounidenses evitan pagar 60.000 millones de dólares anuales de impuestos utilizando precios de transferencia abusivos.

A principios de 2010, Google dejaba atónitos a ciudadanos franceses y del Reino Unido, al conocerse la noticia de que el mítico buscador evaporaba su carga impositiva en estos dos países transfiriéndola a otro de fiscalidad dulce, en este caso Irlanda, donde la multinacional californiana tiene fijado su domicilio fiscal.

Sin alejarnos de nuestra propia geografía, los medios recogían tiempo atrás el profundo malestar de participes minoritarios de la Acería Compacta de Bizkaia frente a usos análogos del accionista mayoritario Arcelor-Mittal.

Es manifiesto que las transacciones e imputación de gastos dentro de un grupo multinacional no se someten a las mismas reglas de mercado que las que se realizan entre empresas independientes. La matriz puede obligar a su filial a practicar precios artificiales. Adicionalmente aplica una política beligerante de reparto de cargas del grupo. Estas operaciones ‘vinculadas’ desvían el beneficio ‘natural’ generado por cada unidad productiva del grupo, hacia un tercer centro designado por la matriz de la ETN a su conveniencia y elección.

La reacción institucional –OCDE y Unión Europea, entre otras,- es poco incisiva adoptando la forma de recomendaciones no vinculantes, unas “leyes blandas” en forma de principios y normas de buenas prácticas que dan soporte a la normativa de cada país. Ello ha conducido a una multiplicidad de reglamentaciones nacionales sobre los precios de transferencia, una de las objeciones mas habituales invocadas por las ETN. Jurisdicciones fiscales de ámbito autonómico también regulan estas conductas. Es el caso de la norma foral 68/2009 de la Diputación Foral de Bizkaia.

Desde EEUU a China, Sudáfrica o Brasil, las ETN rizan el rizo de la regularidad. Cotizados bufetes de juristas especializados contribuyen eficazmente a guiar los pasos de sus gigantescos clientes sobre el filo de la navaja fiscal.

Entretanto, esta bolsa legal de evasión asfixia irremediablemente la capacidad presupuestaria de los países del sur. Mientras Occidente envía a sus funcionarios a negociar con las ETN y alcanzar acuerdos –largos e insatisfactorios- entre ellas y las haciendas locales, los estados depauperados carecen de sistemas fiscales efectivos, normativas ad hoc, y administraciones o cuerpos técnicos capaces de llevarlos a la práctica.

Las ETN esquilman literalmente a los países más pobres, a los que no solamente no revierten un solo dólar de beneficio sino a los que exigen todo tipo de vacaciones fiscales en una abusiva subasta de condiciones unida a una desastrosa acción sobre el medio ambiente con una utilización precaria de mano de obra y una rácana o nula cesión de tecnología a los cuadros autóctonos.

‘Global Financial Integrity’ (2010) utilizando fuentes de la ‘Fundación Heritage’, ‘PricewaterhouseCoopers LLP’ y Banco Mundial estima la pérdida fiscal de los países en desarrollo derivada de la manipulación de precios en ‘operaciones vinculadas’ en 100.000 millones de dólares anuales entre 2002 y 2006, y ratifica la hipótesis de ‘Christian Aid’ que sitúa hoy la cifra en 160.000 millones de dólares.

Las recetas para superar este ‘mal contable’ prescriben la presentación analítica diferenciada ‘País por País’ de las actividades de las ETN, la transparencia contable, la declaración de ‘beneficiarios legítimos’ de las transacciones con tolerancia cero para las ‘compañías en la sombra’ y vehículos secretos, el asentamiento de una competencia fiscal justa y en última instancia la erradicación de los paraísos fiscales.

La creación de sistemas fiscales sostenibles es clave para el sur, contribuyendo a la ‘creación de estado’ y a una relación de la administración con el administrado afirmando los frágiles vínculos de democracia.

Las ‘operaciones vinculadas’ torpedean vil y legalmente un objetivo tan precario.

domingo, 1 de agosto de 2010

Dos años de crisis.¿Cuanto mas? (El Correo 01.08.10)

Dos años de crisis:¿Cuánto mas?

Manfred Nolte

Al término de la primera victoria militar británica sobre Alemania en la segunda guerra mundial, en ‘El Alamein’, Egipto, Winston Churchill alertó severamente contra el optimismo excesivo. “Esto no es el final”-advirtió-“ni siquiera el principio del fin. Tal vez, si acaso, el fin del principio”.

Desde un preceptivo contexto de prudencia sorprende la aseveración de las grandes Instituciones multilaterales (FMI, BM, OCDE) que aventuran el final de la crisis 2008-2010 sugiriendo que el mundo se encamina decididamente hacia la recuperación.

No es ese el diagnóstico que delata el rostro del enfermo. Una ansiedad general e incontenida es la reacción mas visible ante la perspectiva de una larga etapa de crecimientos muy moderados, la impasibilidad o impotencia estructural ante el terrorífico problema del paro e incluso la réplica de una ‘década perdida’ al estilo japonés. Algunos síntomas aislados apuntan a dolencias aun mas preocupantes como la deflación que puede albergarse bajo la oleada de austeridad presupuestaria que se ha desbordado recientemente sobre la UE.

Como reacción a unas circunstancias patéticas, se observa una tendencia general en los particulares por demorar el consumo y ahorrar, y en todos los deudores, sean economías domésticas o empresas, por desapalancar posiciones y hacer frente a las cuantiosas deudas contraídas en la fase de expansión. Ello contribuye a contener los precios y aun reducirlos , creando una espiral de menor demanda y producción aumentando el valor real de las deudas, agravando aun mas la recesión. Una inflación a la baja incrementa los tipos de interés reales agudizando las posiciones deudoras.

Colapsos sectoriales de enorme trascendencia patrimonial como el de la propiedad inmobiliaria o los activos bursátiles descubren a los agentes económicos las traicioneras ventajas de un marco deflacionista. Bajo una tónica de aversión al riesgo, se generaliza un sentimiento ‘bajista’, a la espera de oportunidades futuras a precios mas favorables.

En Estados Unidos de América, el ‘Libro Beige’ se muestra cauteloso. Caen la confianza del consumidor, las ventas minoristas y la transmisión de viviendas. El índice de precios al consumo se redujo en junio por tercer mes consecutivo. Crece el PIB del segundo trimestre un 2,1% aunque por debajo del consenso del 2,5-3%. Desafortunadamente también crecen los inventarios y el número de préstamos fallidos. Un reciente informe demuestra que la economía americana no recuperará los empleos perdidos en la crisis hasta 2014. La tasa de paro no registrará los valores pre-recesión hasta 2021.

Eric Rosenberg, alude al “enorme exceso de capacidad de la economía USA que puede conducir a la desinflación”. Para el presidente Bernake, “los riesgos del crecimiento están ponderados a la baja”, lo que en el lenguaje de la FED descuenta importantes incertidumbres inmediatas.


En Europa las cosas no lucen mejor. La inflación se sitúa en el 0,7% (a/a). Sin posibilidad de devaluar sus monedas, las economías europeas, con un reducido número de excepciones, no tendrán otra opción que rebajar salarios y otros beneficios sociales o inmolarse en la sima de su creciente paro . Los recortes salariales junto a la austeridad presupuestaria ejercerán una presión bajista sobre los precios. Las empresas trabajan muy por debajo de su capacidad y el desempleo se halla a niveles del 10 por ciento, mientras algunos países periféricos como España duplican dicha tasa. Según datos de Eurostat, extrapolando la trayectoria de crecimiento del PIB en la época pre-crisis y comparándola a los niveles actuales de producción, 2010 contabiliza un gap de casi 10 puntos porcentuales en relación a 2007. Esta diferencia entre producto efectivo y potencial- estrechamente correlacionada a los niveles de paro- tardará años en enjugarse, siempre bajo escenarios de crecimientos positivos. La previsión de crecimiento para la eurozona es del 0,9% para el 2010 y del 0,7% para el año próximo.

Lamentablemente, estos sombríos decorados, concuerdan con el veredicto de la historia.
Michael Boskin ha concluido de sus investigaciones del pasado reciente que, en occidente, las recaídas se erigen mas en la regla que en la excepción. El inicio de los 80 es un claro ejemplo de recuperaciones estables que abocan súbitamente en recesión. Estados Unidos, Alemania, Reino Unido Japón e Italia registraron trayectorias alternantes de dos escalones(double-dip).La recesión USA de 2001 también contabilizó un retroceso puntual. Japón padeció tres recesiones en la ‘década perdida’ que se inició en 1990.
Aunque no estamos abocados ciegamente a la catástrofe, la experiencia advierte que una nueva recaída no sería una excepción, antes de abordar la senda definitiva del crecimiento sostenible.
Para entonces habrán cambiado muchas cosas en el sistema. Pero ese es tema para otra ocasión.

domingo, 25 de julio de 2010

G8: Promesas rotas. (El Correo 25.07.10)

G8: Promesas rotas.

Manfred Nolte


Stephen Harper, primer ministro canadiense, defensor acérrimo de la consolidación fiscal en boga, y anfitrión del G8 recientemente celebrado, convocó a los poderosos del planeta a la que él definió como ‘la cumbre de la responsabilidad’.

Al hilo de dicho eslogan tiene todo el sentido desempolvar las enseñas de los ausentes y preguntarse qué honor han hecho Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos a los acuerdos adoptados por el Club de los ricos en materia de ayuda al desarrollo, desde la ‘responsabilidad’ pregonada de la gobernanza global.

Porque la ‘Declaración de Muskoka’ es un ejemplo antológico de retórica vacía, de ratificación y solidaridad con los buenos deseos y ausencia simultanea de un inventario responsable de los resultados cosechados. Cuando estos se advierten insuficientes se entona un ambiguo ‘mea culpa’, se tacha al pasado de ‘inaceptable’ y se propina un nuevo pelotazo hacia un adelante sin delimitar.

La memoria institucional como la privada tiende a ser selectiva y ni siquiera el ‘Grupo de trabajo para la responsabilidad’ (AWG) creado en la cumbre de L’Aquila para hacer seguimiento de los compromisos del grupo en materia de cooperación parece haber activado las necesarias alarmas.

Retrocedamos a julio de 2005, cuando los máximos mandatarios del G8 reunidos en Gleneagles, alcanzaron un acuerdo para la condonación de la deuda exterior y ampliación de las ayudas financieras a los países pobres.

La cancelación total de la deuda a 43 ‘países pobres altamente endeudados’, se instrumentaría a través del FMI y Banco mundial en un programa titulado ‘MDRI’ y su cuantía ascendió a 63 millardos de dólares, de los cuales 40, “de forma inmediata”. Los fondos adicionales de asistencia al desarrollo al mismo colectivo, se cifraron en 50 millardos de dólares anuales, y de ellos la mitad irían destinados a África, hasta 2010.

Pero como ha denunciado Jeffrey Sachs, asesor especial del Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, e infatigable tutelante de los Objetivos de Desarrollo de Milenio para 2015, las promesas se han cumplido de forma cínica o fragmentada.

De una parte, en cuanto a la condonación de la deuda, el acuerdo ‘MDRI’, aún habiéndose llevado a cabo, ha resultado ser una mera artimaña contable al cancelar determinadas deudas históricas de los países en crisis sin posibilidad alguna de reembolso. En definitiva se ha tratado de una ‘quita’ que torna en derecho una situación secular de hecho. El propio Gordon Brown, anfitrión y comunicador de la propuesta reconoció que mediante estas medidas “se trataba de terminar con una farsa. Se va a interrumpir el cobro de la deuda y el flujo de nuevos fondos a estos países en idéntico importe. Se trata de un ejercicio de contabilidad y no de altruismo”.

En cuanto a las ayudas asistenciales el G8 ha cumplido su compromiso africano al 50%, 15 millardos de dólares en lugar de 30. La mayor parte de los fondos de ayuda del G8 se han dirigido a Irak y Afganistán, extremo que conviene puntualizar.

La vaciedad de las palabras de los lideres del G8 pone en riesgo el planeta. El año pasado prometieron combatir el hambre del sur con 22 millardos de nuevos fondos que aun no han entregado. Prometieron crear un fondo de emergencia para combatir el cambio climático que aun no se ha constituido. Estados Unidos, con ser el primer donante del globo contabiliza las mayores desviaciones entre promesas y desembolsos, entre palabras y realidad.

El tratamiento de esta amnesia interesada no es fácil de abordar. Muchos propugnan que el G8 como grupo debe desaparecer y ceder su puesto al G20. Pero la medida no es tan clara como pudiera aparentar. De una parte el G8 concentra al núcleo del poder económico mundial y lo convierte en el donante idóneo, en el mecenas por antonomasia. En segundo lugar, la ampliación de la agenda del G20 a temas distintos de la superación de la crisis financiera global, el desencadenante de la cumbre de Washington, plantea serios problemas conceptuales de gobernanza y legitimidad que no pueden atropellarse sin mas.

A los líderes mundiales les falta por entender que los compromisos para combatir la pobreza, el hambre, la enfermedad, la incultura o el cambio climático son cuestiones de vida o muerte y que requieren una gestión responsable, comprometida y profesionalizada para su implementación.

El mundo de los desfavorecidos requiere verdadera responsabilidad, no palabras vacías sobre responsabilidad. La solidaridad no es un lujo para tiempos de bonanza ni una limosna cuando las arcas están llenas, sino una necesidad vital suscrita por los poderes públicos bajo el principio de la justicia y del imperativo moral.

domingo, 4 de julio de 2010

Toronto 2010: Pactando el desacuerdo. (El Correo 04.07.10)

Toronto 2010: Pactando el desacuerdo
Manfred Nolte

El pasado Domingo concluía en Toronto la cuarta reunión de los jefes de gobierno del G20 desde el inicio de la Crisis económica global.

Nueve meses antes, en Pittsburgh, los líderes mundiales acariciaban la idea de que lo peor de la recesión quizás quedase atrás y que el mundo avanzaba por la senda de la recuperación. Atribuyendo dicho resultado a la acción concertada y vigorosa de todos sus miembros no dudaron en definir al G20 como ‘el primer foro de la cooperación económica internacional’.

Sin embargo, antes de que la regeneración económica pudiera hacerse realidad, los mercados ha sufrido un nuevo y grave contratiempo en forma de crisis fiscal traducida en un vehemente rechazo a determinados activos soberanos, en particular de la periferia europea, cimentado, a su vez, en los altísimos déficits fiscales incurridos por sus emisores.

Esta dislocante disyuntiva ha conducido al Club de los 20 a un serio contratiempo, si no a un fracaso relativo.

A la sólida unanimidad de las posturas exhibidas en las tres reuniones anteriores, Toronto ha contrapuesto el resquebrajamiento del consenso internacional y una declaración llena de grietas. Canadá y Europa han mostrado su rostro mas impávido al postular, sin concesiones, la primacía de la consolidación fiscal, frente a la tesis de Obama, Brasil y otros emergentes que insistían en prorrogar las políticas de ayudas para asegurar el despegue aun incipiente y reversible de la actividad económica mundial.

Para redactar el Comunicado oficial de la cumbre, sus miembros han practicado un sutil ejercicio de funambulismo deslizándose por la tensa cuerda que conecta las posiciones antagónicas citadas. Finalmente, como término de equilibrio, las economías avanzadas promoverán “planes de consolidación fiscal favorables al crecimiento” comprometiéndose a “reducir a la mitad sus déficits fiscales para 2013 y estabilizar o reducir las ratios de deuda publica a PIB para 2016”. Pero puntualizando que “las medidas se implementarán a nivel nacional, ajustadas a las circunstancias individuales de los países”. Frases impecables firmadas con pulso de cirujano.

En realidad, los políticos se han limitado a ser mensajeros de una antigua rivalidad académica entre “austeros” (‘austerians’) y “estimulantes”. El primero reproduce un concepto recuperado de la reserva de la escuela austriaca(Friedrich Hayek y Ludwig Von Mises) y se refiere al recorte drástico de los déficits en tiempos de recesión, ejemplificado en las políticas liquidacionistas americanas puestas en practica por Hoover en 1929-30.

Krugman es un notable representante de la casta académica que postula imperiosamente la acción contraria: continuar con las acciones de estímulo, en especial las de corte fiscal. Mundel y Fleming modelizaron la relación demostrando que una contracción fiscal de un área de moneda flotante es perjudicial para el crecimiento del resto del mundo.

Está claro que el debate entre creación de empleo y consolidación fiscal es estéril y falso. La única divergencia estriba en el momento y la gradualidad de las acciones, en la secuencia de pulsado entre acelerador y freno dell vehiculo económico global. ¿Por qué, entonces, el desencuentro político y la fragmentación intelectual de la cumbre?

Hechos objetivos e ideologías se entreveran en la determinación de las decisiones. Como ha precisado Raghuram Rajan en su reciente publicación ‘Fault Lines’, los grandes acuerdos no pueden contraerse al margen de la ‘lucha de sistemas’. Las diferencias ideológicas previenen los consensos económicos
En los 80 y los 90 se cotizaban los mercados libérrimos. El Comunismo desaparece, China e India abrazaban el capitalismo y occidente exalta el Consenso de Washington. Luego aparecen las primeras hendiduras del edificio con las crisis mejicana y asiática. En 2008,tras la orgía financiera, la evidencia activa la decisiva intervención estatal.
Aunque la Declaración del G20 salva la paz, Toronto 2010 marca el inicio de un giro ideológico, y la moda política retorna firmemente desde la actuación beligerante del estado hacia el patrocinio soberano de los mercados.

Por si alguien albergaba alguna duda, un impuesto coordinado y global a la gran Banca ha quedado aplazado sine die, Trichet acaba de reducir de 12 a 3 meses el plazo de inyección de liquidez a los bancos de la eurozona y el BIS proclama que ha llegado la hora de eliminar las “distorsiones” provocadas por “instrumentos de políticas monetarias no convencionales”.

Una política agresiva de austeridad constituye el santo grial del último G20. Atrás queda no solo el pomposo marco para un crecimiento fuerte y sostenido sino el visto bueno a unas acciones publicas que ahora se tildan de ineficientes o cuando menos de desmesuradas. Lo que sea sonará, pero sería imperdonable que se dispare nuevamente la sirena del accidente multitudinario y sistémico, medido en clave de depresión económica.

domingo, 20 de junio de 2010

G20:Agenda y legitimidad.(El Correo 20.06.10)

G20:agenda y legitimidad

Manfred Nolte

A medida que se avecina la celebración de la cuarta cumbre del G20, esta vez en Toronto, los días 26 y 27 del corriente mes de Junio, se amontonan las noticias y comentarios de los diversos medios en relación con su agenda, esto es, en relación a los graves temas globales que han de ser objeto de debate y decisión en este nuevo ágora de resolución de conflictos.

Menos frecuentes son, por el contrario, las observaciones alusivas a la legitimidad, y deseabilidad futura de esta exclusiva Comunidad de gobernantes, que estas líneas pretenden cubrir.

No es que la agenda del G20 en Toronto sea nimia o menos urgente. Todo lo contrario. Pocas veces se ha encontrado la comitiva económica mundial, encabezada por los países opulentos, seguida a distancia reglamentaria por emergentes y aquellos otros sumidos en la miseria, ante encrucijada parecida. Pero de ello existe una generosa oferta informativa que eludo repetir.

En Noviembre de 2008 ninguna de las grandes instituciones multilaterales poseía la necesaria capacidad de liderazgo para abortar la crisis. El FMI despertaba el rechazo de los países en desarrollo. El G8 carecía de representatividad suficiente. La Asamblea General de Naciones Unidas(AGNU), se hallaba ayuna de capacidad decisoria. En dichas circunstancias, en Washington, los Jefes de Estado del G20 estaban obligados a tomar el relevo, respondiendo al colapso financiero sistémico con una acción rápida, decisiva y coordinada.

En la cumbre de Londres en Abril de 2009, los lideres mundiales activan diversas líneas de financiación por valor de 1,1 billones de dólares para estimular el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial.

En Pittsburgh, el G20 se autodeclara “el primer foro mundial para la cooperación económica internacional”, y establece las pautas para una nueva era de crecimiento equilibrado y sostenible.

A raíz de estos hitos, el Consejo de Estabilidad financiero ampliado, el Comité de supervisión bancaria de Basilea, y las dos principales agencias internacionales de estandarización contable -IASB y FASB- bailan al son de su música. También el FMI proclama su subordinación al G20, de quien proviene su repentina y espectacular promoción. Como confiesa su Director de estrategia “nuestro papel es el de un consultor fiable, mientras que el G20 ocupa firmemente el asiento del conductor”.

En consecuencia el G20 representa la nueva dinámica de la política global y se ha erigido en el buje de la gobernanza económica.

Pero, ¿puede y debe transformarse desde su actual estructura de ‘comité de crisis’, en un ‘comité de dirección’ estable de la economía mundial?

La licitud de dicha propuesta se deriva fundamentalmente de la composición y de la agenda del Club.

La idónea composición del G 20 carece de respuesta correcta. La ampliación de 8 a 20 socios a los que se agregan dos invitados permanentes, algunos rotatorios y las principales Instituciones internacionales le ha conferido mas legitimidad, pero no la suficiente. La sobre-representación europea es indisimulada aunque fácilmente subsanable otorgando a la Unión una sola voz en lugar de las seis o más actuales. La inclusión no alcanza a suficiente número de países emergentes. Están los BRIC, pero la asociación actual obedece a una circunstancia histórica siendo fiel calco del formato del G20 de los ministros de finanzas surgido como reacción a la crisis asiática de finales de los 90. La presencia africana se reduce a Sudáfrica. El tercer mundo- el millardo maldito- simplemente no existe.
La pertenencia se torna aun más crítica si contemplamos la naturaleza de la apropiación del G20. Quién convoca, en qué país y cuales son y quién marca los ritmos, agendas y registros del proceso. Esta imagen asimétrica asimila al G20 al concierto de unos pocos grandes países que dictan sus reglas a todos los demás.

Particularmente frágil resulta la conexión multilateral del G20 con la Asamblea General de Naciones Unidas (AGNU), el foro omnicomprensivo –un país un voto- de la gobernanza mundial. Ban Ki-Moon ofreció en dos ocasiones sucesivas al Presidente Bush la sede de Naciones Unidas para la celebración de la cumbre de Washington y que la AGNU fuera un componente central en el modelo de estrategia G20, invitación que fue desestimada. Con posterioridad los caminos de ambas instituciones han ido divergiendo aunque Naciones Unidas sigue irrogándose la legitimidad máxima como foro de debate inclusivo de la agenda global.

Desde un prisma democrático y solidario sería exigible que el G20 acotase su agenda a la crisis presente, remitiendo el resto de acuciantes temas globales al ámbito del G194:la AGNU. A ello se agregaría la repetidamente reclamada reforma de la capacidad decisoria de esta última.

domingo, 6 de junio de 2010

La otra cara de Adam Smith. (El Correo 06/06/10)

Adam Smith en perspectiva.

Durante 150 años el historial de las doctrinas económicas quedó reducido a simples anotaciones a pie de página de la obra central de Adam Smith: ‘Indagación acerca de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones’ publicada en 1776, y considerada la biblia de los economistas. Debió transcurrir siglo y medio para encontrar una creación de análogo corte revolucionario, inspirada en el paro agónico de Gran Bretaña entre las dos guerras mundiales y que lleva por título ‘La Teoría General del Empleo, el interés y el dinero’, aparecida en 1936 y cuyo autor, como es de todos sabido, no es otro que John Maynard Keynes.

Un Keynes redivivo, cuyas prescripciones han sido observadas sin pestañear y en megadosis durante la presente crisis, ha consolidado la vigencia del intervencionismo en el recetario de la política económica de último aliento. Ni los monetaristas más radicales, que han visto igualmente respaldados sus postulados con la política de tipos de interés deprimidos y de ‘suavización cuantitativa’ de los agregados monetarios, discuten la validez de las conclusiones y terapias propuestas por el ilustre profesor de la Universidad de Cambridge, para entornos dramáticos como los que padecemos.

La imagen del escocés está mas dañada. El desencanto generalizado ante la pretendida eficiencia de los mercados, y la indignación que ha estallado en amplísimos colectivos sociales ante las conductas depredadoras de una casta de intermediarios financieros que se encuentra en la base de la presente hecatombe sistémica, arrastra la cotización del académico de Glasgow a la baja. Su famosa ‘mano invisible’ concita hoy burla y desaliento.
Pero la interpretación habitual de Adam Smith como el gurú del propio interés solo se sustenta en un par de frases anecdóticas y episodios didácticos de todos conocidos que evitaremos reproducir aquí y que no son el reflejo de su personalidad integral. Las citas mas célebres se refieren a la teoría del intercambio económico y poco tienen que ver con la esencia de su legado teórico.
Identificar a Smith con el adalid del capitalismo es un despropósito. De hecho, la expresión ‘capitalismo’ no aparece ni una sola vez en su obra escrita. Menos aun se justifica que ese pretendido capitalismo descanse en un mecanismo de mercado guiado por el puro concepto del beneficio propio. Un mercado de funcionamiento transitivo y ‘en orden’ es una condición necesaria pero insuficiente.
Smith arremete contra determinadas “comisiones” –acciones- de la economía de mercado sin excluir sus importantes “omisiones”. Se muestra contrario a un intervencionismo de los mercados ‘excluyente’ pero alienta el de corte ‘incluyente’ para ocupar parcelas que estos dejen huérfanas o mal atendidas.
Se erige en promotor de la igualdad de oportunidades y de la ausencia de posiciones dominantes, “cada individuo posee un derecho de propiedad sobre su persona y sobre la propiedad que crea con su trabajo”. Pero adicionalmente advierte que “también lo tiene para verse libre de la agresión de otras personas”. El orden moral natural estabiliza los mercados. Si estos fracasan , hay que buscar la razón en las tropelías a las que se les somete cuando se incumplen las reglas básicas de juego, generando reacciones de caos, desigualdad e injusticia. “La justicia –afirma- es el pilar básico que sostiene la totalidad del edificio social”.
Su defensa del trabajo como la principal mediada del valor, aunque limitada, es innovadora y la acusada sensibilidad que demuestra respecto de las clases desfavorecidas queda reflejada en múltiples pasajes de su obra. Profundamente preocupado por las leyes que regulan la presencia de los menesterosos en los espacios públicos no duda en apoyar intervenciones en su favor. En un determinado pasaje -capitulo X- formula un juicio que no puede sino dejarnos confundidos: “Cuando las reglamentaciones son a favor del trabajador y del obrero siempre son justas y equitativas; pero no acontece lo mismo cuando favorecen a los patronos”. Este bosquejo de una teoría de la distribución muestra que las simpatías de Smith no están del lado de gobernantes y terratenientes sino de los asalariados, a los que juzga “explotados”.
Adam Smith fue un filósofo moral en primer lugar, y en segunda instancia- aunque de ello se derivase su mayor notoriedad- un intérprete y organizador del intercambio social. ‘La Riqueza de las Naciones’ contiene su ética política mientras ‘Teoría de los Sentimientos Morales’ –un libro menos conocido pero que Smith siempre reputó superior- descubre su ética personal.
Su mensaje no debería devaluarse ni confundirse: la rebelión general de los mercados es la consecuencia de la contaminación irreparable a la que se han visto sometidos. Restituirlos a su marco natural es la tarea de unas normas justas universalmente aplicadas.