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domingo, 24 de mayo de 2009

Carroñeros de salón. (El Correo, 24.05.09)

Carroñeros de salón.

Manfred Nolte

Durante siglos, el noble oficio de la ingeniería acumuló crédito en los anales de la estética, al tiempo que promovía el progreso de la humanidad. Desde las pirámides de Egipto a los acueductos romanos o la primera escolta del hombre hasta la luna, los ingenieros aplicaron su talento al recreo de nuestros sentidos o al alivio del trajín diario por la subsistencia.

Como a otras profesiones, con el paso del tiempo, a esta le han surgido algunas formas infames de intrusismo. Falsificadores de cuello blanco y mirada oscura se instalaron en el territorio de las finanzas y comenzaron a minarlo utilizando el código de la “ingeniería financiera”. Eran banqueros de inversión manipulando ante la pasividad de los supervisores los frágiles mecanismos del mercado, hasta que saltaron por los aires y sus residuos radioactivos emponzoñaron el Planeta.

Pero el mutante hace triste honor a su condición y ha evolucionado hacia una nueva cepa de perversión ideológica: la “ingeniería legal”, una de cuyas manufacturas mas sofisticadas la constituyen los “fondos buitre”, “vulture funds” en su terminología original.

“Fondo buitre” es el nombre atribuido en medios sajones a aquellas sociedades que persiguen un beneficio derivado de la compra de deuda soberana fallida de un país del tercer mundo, con un fuerte descuento, tratando a continuación de recuperar el nominal más costas e intereses mediante la apelación a los tribunales. Se trata de compañías secretistas, generalmente domiciliadas en paraísos fiscales, cuyos últimos titulares, disfrazados tras un complejo entramado de sociedades interpuestas, resulta difícil de averiguar.

Uno de los casos más sonoros ha sido el de “DENEGAL International Ltd.”, registrado en las islas Virgin británicas, cuyo objeto social reside en la ejecución de deuda de Zambia. En 1979, Rumania otorgó un crédito de 15 millones de dólares a Zambia para compra de maquinaria agrícola. La deuda impagada por un valor acumulado de principal e intereses de 30 millones de dólares cotizaba en el mercado secundario a la décima parte de su precio.

Zambia es uno de los países mas pobres del planeta, se sitúa en el puesto 163 de 179 en el Índice de desarrollo humano de Naciones Unidas, y el 64% de sus habitantes vive por debajo del umbral de la pobreza con un ingreso diario inferior a un dólar. Pero en el momento de los hechos había sido beneficiaria de una modesta quita en su deuda exterior multilateral, lo que había mejorado tímidamente sus ratios internacionales y su endeble solvencia.

Aprovechando esta ultima circunstancia, “DENEGAL” adquirió la deuda en cuestión al precio de 3,3 millones de dólares. Acto seguido, la compañía demandó a Zambia ante los tribunales británicos por un monto de 55 millones de dólares: el valor del principal, intereses y costas. Lo deplorable del asunto es que, a través de un sinuoso proceso legal, la corte inglesa ha adjudicado a “DENEGAL” activos de Zambia en el Reino Unido por valor de 15,5 millones.

Lejos de tratarse de una anécdota aislada, la sentencia representa tan solo la punta del Iceberg. El propio Banco Mundial ha alertado de este ataque producido contra los países mas desasistidos aprovechando la mejoría de su capacidad de pago, derivada de los programas multilaterales de alivio de la deuda. A finales de 2007, al menos 11 de ellos eran objeto de 38 litigios. El total de la demanda se ha estimado en 2.000 millones de dólares cuando la deuda original era menos de un cuarto de la reclamada. Los principales bufetes de abogados de Londres y Nueva York asesoran a esta nueva saga de depredadores, a los que Gordon Brown ha calificado de “perversos e inmorales”.

Cuenta la leyenda que el maestro Nasreddin Hodja, invitado a cenar a Palacio por el Sultán Timur Lan, se deshacía en halagos a cada uno de los platos servidos. “No me ha gustado el pescado” señaló lacónicamente el Sultán. “Tenéis razón, Majestad”,corrigió Hodja de inmediato: “demasiado aliño, para ocultar quizá una pieza poco fresca”. El monarca, frunciendo el ceño le replicó: “Hodja es mi consejero justo y amante de la verdad , ¿cómo explica sus cambios de opinión? “Porque trabajo para mi Señor”, aclaró Hodja, “y no para el pescado”.

Los tribunales, como el sabio Hodja, no han sabido trabajar para la justicia con los mas desfavorecidos, ni siquiera para la justicia a secas. Trabajan para una legalidad sin alma, donde las víctimas, por estar demasiado fatigadas, esperan en silencio que el destino tercie para ser indultadas.

domingo, 10 de mayo de 2009

Canciones de Primavera. (El Correo, 10.05.09)

Canciones de primavera.

Manfred Nolte

Al caer el telón tras el mitin del G20 en el gran teatro de Londres, una ovación protocolaria selló los pactos alcanzados por los máximos dignatarios del Club para combatir la enfermedad pandémica del Planeta. Los paraísos fiscales se someterían a un progresivo cerco y vigilancia, los reguladores debían despertar de una vez promulgando normas, colocando bridas a un sector desbocado llamado a revivir tras un coma aparentemente reversible y las arcas del Fondo Monetario Internacional debían llenarse de dólares hasta sumar un billón, para su aplicación beligerante allí donde fuera oportuno.

En relación a este último punto, una vez sentadas las bases y firmados los protocolos, banqueros centrales y ministros de finanzas quedaban al cargo de los detalles. Se abría el camino para volcar fantásticas ayudas supletorias y acabar de extinguir el incendio mundial, evitando paralelamente la aparición de nuevos focos. Ese era el objetivo de las reuniones de Primavera del FMI.

Del 24 al 26 de abril pasado, la sede del Fondo, situada en el “downtown” de Washington ha abierto una vez mas la sala de asambleas, un ensueño de paneles de oro reflejados en una gigantesca pantalla digital, para acoger la primera de sus dos reuniones anuales estatutarias.

La euforia de Londres , cuatro semanas atrás, se ha desvanecido con la tensión percibida en los pasillos de la sede de la Institución multilateral. Los “pequeños detalles” han dado paso a la indefinición y al inmovilismo. Y a decir verdad, los titulares que han encabezado las crónicas de la reunión se han correspondido pobremente con la realidad de lo acontecido.

En teoría, además del colosal refuerzo de su capacidad financiera, bajo el legado del G20, el FMI se instalaría en un orden mundial reformado, otorgaría nuevo peso a poderes emergentes, ejercería de banquero global emitiendo su propia moneda inyectando liquidez a los mercados y rompiendo el monopolio de la FED o del BCE. De esta manera, Washington pasaría a ser la capital del poder financiero global , como Nueva York lo es de la diplomacia al albergar la sede de Naciones Unidas. Además, junto al Consejo de Estabilidad Financiera debe acometer la reforma del marco prudencial y regulatorio. Incluso se ha postulado que el próximo Director general, tradicionalmente un europeo, provenga de un país en desarrollo. En suma: una nueva versión FMI 2.0. Una institución rediviva, un cambio tectónico en el equilibrio financiero global.

Pero es sabido que una cosa es predicar y otra dar trigo, Las reuniones han concluido sin ningún acuerdo ejecutivo. El Comité Financiero, un órgano consultivo, ha apoyado la captación de hasta 250 millardos en el marco de los “Nuevos acuerdos de Prestamos”, un sistema a través del cual 26 países del Fondo conceden a este líneas de crédito a tipo de interés preferencial. Los pormenores de la ampliación del acuerdo vigente y sus condicionalidades son desconocidas. El Comité ha agradecido el préstamo de 100 millardos otorgado por Japón, el único compromiso firme que se incluye en el nuevo paquete a pesar de haberse firmado en Enero.

Obama precisa la autorización del Congreso para conceder los 100 millardos comprometidos. Gordon Brown aseguró que China estaba dispuesta a prestar 40 millardos , pero China habla de reformas de gobernanza. Algo similar sucede con Arabia Saudita y con Brasil. Quieren saber cual es la oferta del FMI. Los países emergentes que se hallan en liquidez no van a financiar al Fondo sin conocer antes qué pasará con su representación en los órganos decisorios del alto organismo. En Bombay el argumento es idéntico: “liquidez a cambio de voz”. Para Guido Mantenga, ministro de finanzas de Brasil “el FMI se ha arrepentido de la mayoría de sus pecados pasados, pero aun tiene que enfrentarse al pecado original: su déficit democrático.”

Mientras tanto, el sur silencia. En el año 2000, la Asamblea de Naciones Unidas acordaba los Objetivos de Desarrollo del Milenio, ocho retos básicos para alcanzar en 2015, tales como la reducción a la mitad de la pobreza y el hambre, el empoderamiento de la mujer y la mejora de su condición maternal, el combate de las enfermedades endémicas, o la reducción sustancial de la mortalidad infantil .

Más allá del ecuador del plazo fijado, el balance no invita al optimismo: 1200 millones de personas pasan hambre en el mundo y desafían diariamente a la muerte con menos de un euro de presupuesto. La próxima reunión del G20 no llegará hasta finales de año.

domingo, 26 de abril de 2009

Preguntas tras el G20(El Correo 26.04.09)

Preguntas tras el G20.

Manfred Nolte

Paul Krugman, el Nóbel converso al periodismo de la mano del New York Times, ha divulgado un estudio de los profesores Philippon y Reshef en el que se narran tres épocas diferenciadas de la banca americana a lo largo del siglo pasado.

Los autores establecen equivalencias entre la primera y la tercera de dichas épocas. Antes de 1930, en la primera de las tres, algunos jerarcas de la industria edificaron gigantescos imperios financieros, que se diluyeron con la llegada de la Gran Depresión. La tercera, que arranca en torno a 1980 viene marcada por la supresión de las trabas y restricciones bancarias de la etapa anterior y el inicio de una innovación feroz que condujo a un rápido crecimiento del sector hasta representar un tercio de los beneficios empresariales totales. No será necesario recordar, cómo sucesivas mutaciones de intermediarios financieros bajo una pobre regulación y vigilancia llegan a producir el monstruo que ahora amenaza devorar la economía mundial.

Alternativamente, el sistema financiero que se extiende entre ambos periodos, el que emerge del hundimiento de Wall Street hasta la década de los 80, se caracteriza por su estricta regulación y por el conservadurismo de los banqueros, lo que no impide correlacionar esta época de “banca aburrida” con una espectacular bonanza económica en Estados Unidos. La industria y los servicios recuperan su peso y esplendor.

El G20, que lidera la salida de la recesión mundial, no ha dudado en reconocer en su última declaración que “importantes fracasos en el sector financiero y en su supervisión y regulación, han sido causas fundamentales de la crisis.”

A su vez, el Presidente de la FED, Ben Bernake, se ha referido a las ganancias derivadas de la innovación en estos años, sosteniendo que “no es pensable que hayan compensado los estragos provocados en términos de destrucción de riqueza, pérdida de hogares, e historias de descrédito”.

Habrá quienes sigan pensando que los beneficios de la innovación financiera han superado en el pasado y seguirán sobrepasando en el futuro, con creces, a los de la regulación.

Tal vez. Necesitaríamos diseccionar con paciencia infinita productos que nadie o pocos entienden por su falta de transparencia, que carecen de una valoración asequible y transitiva, que se instalan en la letra pequeña y en la restricción mental, y que –elocuentemente- casi nunca permanecen en poder de sus originadores. Así, hasta sumar 4 billones de dólares.

Sea como fuere, nos enfrentamos a un periodo de reformas de la regulación financiera que reclama respuesta, al menos, de tres preguntas : ¿qué eje de regulación abordar?, ¿con qué grado de severidad se administrará? y ¿cuál será su ámbito de aplicabilidad?

En primer lugar, la reforma deberá revestir un carácter anticíclico creando provisiones y dotando capital en periodos de auge y disponiendo de ellos en las fases de depresión para subsanar así el principal fracaso anotado en la experiencia actual. Algunos marcos reguladores implantados, notablemente Basilea II, han mostrado un marcado sesgo pro-cíclico.

Las segunda respuesta debiera asumir que no pueden imponerse restricciones tan onerosas como para prevenir el desarrollo de nuevos productos y servicios financieros en el futuro. Pero la innovación deberá estar, al igual que el resto de la economía, al servicio del consumidor y no de la codicia y la ambición de unos pocos.

De la respuesta a la tercera pregunta dependerá la fijación del sistema y la prevención de futuras crisis. Se refiere al principio de competencia: para que una regulación resulte efectiva, el ámbito del regulador y el del mercado deben ser coincidentes. Según se desprende de la Declaración de Londres, el FMI y el Consejo de Estabilidad Financiera, correrán con la responsabilidad del trazado de una nueva Gobernanza regulatoria. Pero ¿quedará ésta al arbitrio singular de los países o se creará una Institución supranacional con autoridad ejecutiva?

Las operaciones financieras tienen lugar, nominalmente, en cualquier mercado del mundo. A menos que las regulaciones se apliquen uniformemente a todos los mercados mayores del planeta, las transacciones esquivarán unos centros para situarse en otros.

El subconsciente del sistema, en una reacción titánica, se niega a cambiar de paradigma. No se vislumbra una nueva arquitectura financiera, sino a lo sumo una respuesta reforzada a la vieja. Los políticos creen que bastará con hacer mejor lo mismo y que quizás habrá que agregar algunos casilleros más en el organigrama de algunos centros de regulación, para darles apariencia democrática y de inclusión. Piensan que esto solo ha sido un aviso.

domingo, 12 de abril de 2009

Un billón con fronteras(El Correo 12.04.09)

Un billón con fronteras-

Manfred Nolte

A solo 10 días de la cumbre del G20 en Londres, superadas la euforia y la resaca de la fiesta, hay cosas que van quedando claras. Una de ellas, el confinamiento “sine die” del proyecto Bretton Woods II que atrajo durante unas semanas la máxima atención mundial, y su inmediato relevo por un nuevo paquete de ayudas, esta vez aparentemente cohesionadas y corporativas. Se consagran por su parte, aunque no insistiremos en ello, el refuerzo de la supervisión y regulación, el tímido cerco a los paraísos fiscales, y las llamadas a resistir la tentación del proteccionismo. Son puntos que, evidentemente, no podían faltar.

Desde la perspectiva de la comunicación, la cumbre lo ha hecho bien: el primer párrafo de la Declaración preludia con la cifra de 1,1 billones de dólares una nueva etapa en busca de la economía perdida. Pero tras los titulares, la lectura de los documentos oficiales provoca más preguntas que respuestas en áreas que están implorando otro alcance de índole cualitativa. Por ejemplo, los líderes políticos no han acordado medidas sustanciales para combatir la desigualdad y la falta de sostenibilidad del sistema o para transformar la gobernanza global como se sugirió en la convocatoria de Washington. Londres ha sido el foro de los privilegiados, reunidos para discutir su agenda, en su propio lenguaje, a puerta cerrada, sin un solo representante de los países más desasistidos.

El paquete de 1,1 billones se añade a los planes fiscales de occidente que suponen ya cinco billones de dólares, y resulta más que conveniente. Nada que oponer. Desgraciadamente acabamos de conocer que los activos tóxicos del sistema bancario podrían sumar cuatro billones. A través de la red global eso supone más crisis y más dolor para todos.

El protagonismo del Fondo Monetario Internacional como canalizador preferente de la operación puede haber invitado a la idea de que la mayoría de los fondos tiene un destino beligerante a favor de los países del Sur. No es así. De la totalidad del paquete, 50 millardos, esto es, menos del 5 por ciento se destinará a los 61 países más pobres del mundo. El comunicado no aclara como llega a esa cantidad. Adicionalmente seis millardos de dólares, en un plazo de tres años, procederán de la venta de oro del FMI. De la asignación de Derechos especiales de giro se obtendrán 19 millardos. El texto oficial refiere asimismo que los préstamos concesionales del FMI, se duplicarán de los 20 millardos actuales hasta 40. Esta línea se aplica cuando un país está abocado a la quiebra. No hay detalles de plazos y condicionalidad, elementos críticos para el éxito de las medidas. Frente a esta realidad, el Sur registra en 2009 vencimientos de deuda cercanos al billón de dólares, mientras claudican otros cauces de su financiación, anteriormente pujantes, como la inversión extranjera o las remesas de la emigración.

En consecuencia, el diagnóstico del paquete se resume en un importante esfuerzo financiero general, con la asignación de una cifra respetable para los países más pobres, probablemente mayor que la que se esperaba pero infinitamente menor que la que necesitan. Las facilidades revisten la forma de garantías y préstamos y no de donaciones o líneas concesionales. Los préstamos, es sabido, hay que devolverlos y pagar intereses por ellos.

El gran ganador de la cita londinense además del propio G20 ha sido el FMI, un organismo agonizante, que ha revivido con dosis masivas de fondos y por tanto de influencia. Y ello sin precisarse un ápice las imprescindibles reformas de su modo su gobierno. El gran perdedor es Naciones Unidas. Es el foro de todas las naciones, pero su referencia en el G20 ha sido hasta ahora marginal o inexistente.

Esta no es una crisis en el sistema, sino del sistema. Pero ya ha quedado patente que no se reinventará Bretton Woods. Tal vez haya modos alternativos a un modelo vigente sesgado y de retornos asimétricos. Hemos construido una economía que excluye a la mitad del planeta, cuando hasta el propio comunicado del G20 invoca el mantra de la crisis global que requiere una solución global.

El concepto distancia ha muerto y la globalización ya no es una abstracción filosófica sobre la que quepa discutir. La esencia de la globalización tiene que ser la cooperación reforzada. Y ello hasta por puro interés propio. La primera tarea del G20 y del mundo occidental debería ser traer a las economías periféricas y a sus gentes hasta el centro.

domingo, 29 de marzo de 2009

Otro G20(El Correo, 29.03.09)

Otro G20.

Manfred Nolte

Los diplomáticos mas refinados del planeta se reunirán el próximo día 2 de abril en Londres para seguir trazando la salida de la crisis. Una reunión meteórica que apenas servirá para revisar la redacción del comunicado oficial, de cuyo contenido no cabe esperar notables sorpresas. La prensa de estos días nos bombardea con información diversa sobre el evento y la Web oficial reseña sus principales hitos adelantando algunas conclusiones.

Es notorio que europeos y yanquis andan a la greña por uno o dos puntos adicionales de PIB dedicados al estimulo fiscal y por la oportunidad del Pacto de Estabilidad en una recesión del calibre de la actual. Como ha dicho Krugman “”vivimos tiempos muy especiales en que la virtud puede ser vicio y la prudencia locura”, aunque desgraciadamente no exista la máquina milagrosa para discernir entre esos extremos. Los chinos abogan por una nueva moneda de reserva que diversifique su temeraria exposición al dólar y quien más quien menos ve inevitable el continuar volcando fondos en el Sistema. Aquí entraría el FMI, con propuestas ambiciosas para multiplicar sus recursos, sin olvidar sus graves carencias de gobernanza. Con celeridad, claro está, hay que poner más orden en los estándares contables y reforzar el marco prudencial bancario y el de las agencias de calificación. Un recuento superficial censa casi una decena de instituciones de postín trabajando en este frente. Lo de un superregulador con competencias globales ya es harina de otro costal. Para salvar los sistemas financieros convulsos hay un esfuerzo común, aunque con matices en las fórmulas. En la cumbre convergerán diagnósticos, fijándose posiciones consensuadas.

Pero cuanto antecede descansa en un supuesto falaz: que en el debate están todos los que tienen que estar. Aunque aparentemente sumar resulte siempre loable, hay circunstancias críticas en las que el “quien” adquiere tanta relevancia como el “que” o el “como”. El encuentro de Londres suscita, en este sentido, un interrogante acerca de su representación y ,por tanto, de su legitimidad.

En efecto, ya la cumbre del 15 de Noviembre en Washington, clarificó la interpretación occidental de la cooperación. En aquella circunstancia, el G20 pisoteó literalmente el guión a Naciones Unidas apenas quince días antes de la celebración de la cumbre de Doha. El descomunal desaire convirtió a Doha 2008 en una reunión descafeinada e inadvertida. Pero fiel a la resolución 63/239 y a las previsiones de la propia “Declaración de Doha”, el Presidente de la Asamblea ya ha fijado fecha para la “Conferencia de alto nivel sobre la Crisis financiera y económica mundial y sus efectos sobre el desarrollo”.

El G20 debería ser sustituido por un “Consejo Económico Global”, según plantea el grupo de expertos de la Asamblea, constituido bajo la dirección del Nóbel Joseph Stiglitz. El “Consejo” sería un órgano de Naciones Unidas y fijaría la hoja de ruta de la reforma económica y financiera mundial. La propuesta se oficializará la próxima semana coincidiendo con la cita londinense.

La adscripción del debate a un marco democrático e inclusivo como Naciones Unidas presta legitimidad a un problema que afecta a la totalidad de pueblos y personas. El G20 ampliado supone un cierto avance en relación a otros clubs más excluyentes de la sigla G, ya que acumula el 85 por ciento del producto mundial, pero no deja de ser el espejo de los países ricos que siguen dominando la agenda, y una certera selección de emergentes. Es una lástima que los dos países invitados, España y Holanda, aumenten impasiblemente el peso del norte en el foro, en detrimento del sur. Falta de visión y una magnífica oportunidad perdida. En cualquier caso, el G20 no es una Institución Internacional y sus acuerdos no son vinculantes.

Entretanto los mas desfavorecidos siguen sin tener voz ni representación en la solución de una crisis que no han originado. Se trata del millardo maldito (“Bottom billion”), mil millones de personas que según un reciente informe del Banco Mundial pueden verse anegados por una ola de desolación, que aboque en estallidos sociales y políticos sin precedentes.

El Presidente Obama ha urgido a los líderes mundiales a “emprender una acción audaz, comprehensiva y coordinada”, poniendo su confianza en que la cumbre de Londres “galvanice la acción colectiva”. Pero la acción colectiva está sometida al interés nacional, como está siendo patente, porque los políticos diseñan sus acciones para complacer las voluntades domésticas y no para superar los desajustes de la economía global. En esa dinámica siempre pierde el más desvalido.

domingo, 15 de marzo de 2009

Cooperar en tiempos de crisis. (El Correo 15.03.09)

Cooperar en tiempos de crisis

En 1975 los Jefes de Estado y de Gobierno presentes en la XXV Asamblea de Naciones Unidas posaron para la foto de familia sin reparar en el decorado. Al distribuirla, los magnates de la política advirtieron que a sus espaldas figuraba un mural dantesco escenificando la desolación del planeta. El fotógrafo y sus cómplices se evaporaron, pero los políticos, abochornados, adoptaron por unanimidad una decisión ejemplar: destinar el 0,7% del PIB de los países ricos a aliviar la miseria de centenares de millones de humanos que libraban diariamente la desesperanzada batalla por la supervivencia.

En 2000, al proclamarse la Carta del Milenio, se estableció un plazo de 15 años, hasta el 2015, para erradicar la pobreza extrema y el hambre del mundo. La bandera del 0,7 volvió a ondear en Monterrey en 2002. También en Doha, en noviembre del 2008, cuando el mal estadounidense contagiaba ya gravemente al sur.

La realidad es que occidente dedica a asistencia al desarrollo algo mas de cien millardos de dólares al año, un aguinaldo de niños comparado con las multimillonarias cifras que aplica al rescate de su propia economía maltrecha.

El enfoque cuantitativo de la ayuda como una fracción de la renta de los países ricos no es la métrica óptima de su eficacia. Hay que invocar otros rasgos cualitativos: adicionalidad, previsibilidad, ausencia de condicionalidad y un largo etcétera mas. Solo el dinero es incapaz de comprar el desarrollo, pero a menudo es su condición necesaria.

Aunque las comparaciones, como dijo Max Ehrman, deberían evitarse, por conducir alternativamente al desaliento o a la arrogancia, extremos ambos igualmente repudiables, no hay mas remedio que someterse a la tiranía del benchmark. En 2007 los únicos países que superaron el umbral del 0,7% fueron Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Noruega y Suecia. El principal donante fue Estados Unidos destinando 21,8 millardos de dólares, con un descenso del 9,9% sobre el ejercicio anterior y un ratio del 0,16% de ayuda a PIB. La aportación combinada de los miembros de la Unión Europea, que representa el 54% de la mundial, cayó un 5,8% hasta 62,1 millardos de dólares, un 0,4% de su PIB agregado. España registró el mayor porcentaje de aumento, hasta el 33,8% en el periodo. Para situar las cifras en referencia, solamente el programa TALF lanzado en EE.UU. se cifra en un billón de dólares, diez veces la suma total de la asistencia global al desarrollo.

Dando un paso mas,¿cómo se aborda el tema de la cooperación en Euskadi? En febrero de 2007, la ley vasca de Cooperación propuso dedicar al desarrollo un porcentaje creciente de los presupuestos públicos, con la meta de alcanzar el 0,7% en 2012. Esta intención, en principio encomiable, aconseja algunas matizaciones.

En primer lugar, el compromiso de los países ricos –Euskadi se sitúa en el 130% de la media de renta per capita europea- se referencia al PIB. Una cosa es el valor de los bienes y servicios finales generados por una economía en un plazo determinado y otra la expresión de los gastos e ingresos que prevén liquidar periódicamente los poderes públicos. No cabe interpretar la elección del índice sino como un mero ejercicio deliberado de prudencia o conservadurismo, aunque las referencias-cuando son de común asunción- no deban sustituirse a la ligera. El presupuesto total de Gobierno Vasco para 2009 de 10,4 millardos de euros viene a representar aproximadamente un 15% del PIB del país: 69,2 millardos en 2008.

En segundo lugar, los fondos asignados a la cooperación internacional, 51 millones de euros para 2009 representan el 0,48% del presupuesto anual, sin que en los tres últimos años se haya percibido una progresión en la tendencia que otorgue credibilidad a un posible franqueo del umbral del 0,5%. Difícilmente se alcanzará para 2012 el proyectado 0,7% del presupuesto global. En términos homogéneos, la cooperación en Euskadi, incluyendo además de las consignaciones de Gobierno Vasco, las de Diputaciones y Ayuntamientos significativos, puede moverse en un entorno del 0,15% de su PIB.

Es verdad que el compromiso de la cooperación tiene un origen estatal, y son los Estados los responsables de alcanzarlo. También hay que reconocer que no corren tiempos de altruismo cuando el huracán de la crisis y los estragos del paro amenazan los cimientos de nuestra propia casa. Pero el coraje de las cifras reside en colocar cada cosa en su sitio, con elocuencia e imparcialidad. Entretanto, los mas desfavorecidos seguirán cargando, silenciosamente, con las penas de unos delitos que nunca cometieron.

domingo, 1 de marzo de 2009

Bancos si, Zombis no. (El Correo 01.03.09)

Bancos sí, Zombis no.

Manfred Nolte

Los sistemas bancarios de Estados Unidos, Reino Unido y de otras latitudes geográficas están próximos a la insolvencia, auspiciando una situación similar a la de Japón en los años 90 o incluso la norteamericana del gran crash. Solamente en la primera economía del mundo las predicciones de perdidas de 1 billón de dólares atribuidas al sector en 2008 se han quedado cortas. Las realmente dotadas han traspasado dicho umbral y el Fondo Monetario Internacional aventura que la cifra se duplicará hasta los 2 billones. Pero el episodio “subprime” puede ser solamente una parte del problema. Si escuchamos a Nouriel Roubini, 7 billones de activos adicionales –préstamos comerciales con garantía real, posiciones aplazadas derivadas de tarjetas de crédito, bonos de alto rendimiento y otros- corren el riesgo de perder gran parte de su valor. Para poner en referencia estas cifras bastará señalar que el PNB americano en 2008 sumó 14,3 billones de dólares.

La crisis de liquidez ha sido suplantada por otra mucho mas preocupante de solvencia, en la que nos encontramos, y que ha desatado un sentimiento generalizado de desconfianza, atenazando las relaciones intrasectoriales. Los Bancos no se fían unos de otros y ,de rechazo, estrangulan a la economía real, por la incapacidad sicológica –sobrereacción- y material para conceder préstamos, cautivos de un obligado proceso de desapalancamiento.

El inapelable testimonio de las Bolsas castigando insistentemente al sector es un claro indicador de cómo los mercados y la economía en general evalúan esta dramática situación de indefinición e inmovilismo.

Las gigantescas terapias de choque aplicadas hasta el momento para el rescate de las Entidades financieras, se han mostrado insuficientes en los resultados y altamente contestados en un importante sector de los medios políticos y de la academia. Además hieren la sensibilidad de la ciudadanía. Baste citar, a modo de ejemplo, los apoyos multimillonarios que están recibiendo Bank of America, Citigroup y RBS, cuyo alcance final se desconoce. Después de todo, la flagrante constatación de que los beneficios sean para el sector y quienes los dirigen, mientras que las pérdidas reviertan en la generalidad de los contribuyentes, sin un límite o un marco concreto y preestablecido, es difícilmente defendible.

Nadie pone en duda de que, a pesar de que el ideario capitalista neoliberal haya debido inmolarse en el empeño, la intervención de los Estados en la crisis ha sido y es inexcusable. Cualquiera que sea su coste, es infinitamente menor que el que se derivaría de la inhibición de las instancias publicas y del colapso total de los mercados. Las medidas de choque para extinguir un incendio devastador son condición necesaria, previa a la reconsideración de las claves sistémicas que eviten en el futuro este tipo de catástrofes. Pero al igual que en cualquier proyecto de inversión, no alcanzar el “punto muerto” invalida y hace estériles todas las sumas y esfuerzos comprometidos. Y la crisis de confianza no da su brazo a torcer, está aun muy lejos de su punto de inflexión.

Días atrás lo propuso un contrito Alan Greenspan, al que se unió el Nóbel Krugman liderando un coro de voces de máxima autoridad. Los responsables monetarios deben actuar de forma inmediata. Someter al sistema a una evaluación por pruebas de “stress testing” puede aportar importantes datos de siniestralidad potencial. De mayor relevancia aún se erige la medida de forzar la clasificación de sus activos dudosos con estrictos criterios de valoración sin dar pie a ningún tipo de ingeniería contable. A renglón seguido, aquellas entidades que presentaran un nítido desequilibrio patrimonial deberían ser intervenidas , esto es, nacionalizadas, para proceder a su saneamiento. El ejemplo sueco de 1992, aunque de muy inferior dimensión, puede ser un referente. Los Bancos solventes continuarían en el mercado. Los Zombis, insolventes e incapaces de otorgar nuevos préstamos, serían apartados hasta una nueva y viable encarnación. La actividad se reanudaría en un escenario depurado y creíble.

Con posterioridad, cortada la sangría y restablecida la confianza, las entidades intervenidas con cargo al erario publico y en consecuencia al bolsillo de los ciudadanos, podrían, cuando así convenga, en el número, modo y plazo que sea menester, retornar al libre mercado, permitiendo a aquellos que han sufragado la intervención recuperar, en su caso, vía ingresos públicos sus contribuciones fiscales.

Solo así se podrá iniciar la normalización de la economía real y acometer las medidas de medio plazo, sistémicas y de gobernanza, que reclama vehementemente la colectividad.