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domingo, 1 de marzo de 2009

Bancos si, Zombis no. (El Correo 01.03.09)

Bancos sí, Zombis no.

Manfred Nolte

Los sistemas bancarios de Estados Unidos, Reino Unido y de otras latitudes geográficas están próximos a la insolvencia, auspiciando una situación similar a la de Japón en los años 90 o incluso la norteamericana del gran crash. Solamente en la primera economía del mundo las predicciones de perdidas de 1 billón de dólares atribuidas al sector en 2008 se han quedado cortas. Las realmente dotadas han traspasado dicho umbral y el Fondo Monetario Internacional aventura que la cifra se duplicará hasta los 2 billones. Pero el episodio “subprime” puede ser solamente una parte del problema. Si escuchamos a Nouriel Roubini, 7 billones de activos adicionales –préstamos comerciales con garantía real, posiciones aplazadas derivadas de tarjetas de crédito, bonos de alto rendimiento y otros- corren el riesgo de perder gran parte de su valor. Para poner en referencia estas cifras bastará señalar que el PNB americano en 2008 sumó 14,3 billones de dólares.

La crisis de liquidez ha sido suplantada por otra mucho mas preocupante de solvencia, en la que nos encontramos, y que ha desatado un sentimiento generalizado de desconfianza, atenazando las relaciones intrasectoriales. Los Bancos no se fían unos de otros y ,de rechazo, estrangulan a la economía real, por la incapacidad sicológica –sobrereacción- y material para conceder préstamos, cautivos de un obligado proceso de desapalancamiento.

El inapelable testimonio de las Bolsas castigando insistentemente al sector es un claro indicador de cómo los mercados y la economía en general evalúan esta dramática situación de indefinición e inmovilismo.

Las gigantescas terapias de choque aplicadas hasta el momento para el rescate de las Entidades financieras, se han mostrado insuficientes en los resultados y altamente contestados en un importante sector de los medios políticos y de la academia. Además hieren la sensibilidad de la ciudadanía. Baste citar, a modo de ejemplo, los apoyos multimillonarios que están recibiendo Bank of America, Citigroup y RBS, cuyo alcance final se desconoce. Después de todo, la flagrante constatación de que los beneficios sean para el sector y quienes los dirigen, mientras que las pérdidas reviertan en la generalidad de los contribuyentes, sin un límite o un marco concreto y preestablecido, es difícilmente defendible.

Nadie pone en duda de que, a pesar de que el ideario capitalista neoliberal haya debido inmolarse en el empeño, la intervención de los Estados en la crisis ha sido y es inexcusable. Cualquiera que sea su coste, es infinitamente menor que el que se derivaría de la inhibición de las instancias publicas y del colapso total de los mercados. Las medidas de choque para extinguir un incendio devastador son condición necesaria, previa a la reconsideración de las claves sistémicas que eviten en el futuro este tipo de catástrofes. Pero al igual que en cualquier proyecto de inversión, no alcanzar el “punto muerto” invalida y hace estériles todas las sumas y esfuerzos comprometidos. Y la crisis de confianza no da su brazo a torcer, está aun muy lejos de su punto de inflexión.

Días atrás lo propuso un contrito Alan Greenspan, al que se unió el Nóbel Krugman liderando un coro de voces de máxima autoridad. Los responsables monetarios deben actuar de forma inmediata. Someter al sistema a una evaluación por pruebas de “stress testing” puede aportar importantes datos de siniestralidad potencial. De mayor relevancia aún se erige la medida de forzar la clasificación de sus activos dudosos con estrictos criterios de valoración sin dar pie a ningún tipo de ingeniería contable. A renglón seguido, aquellas entidades que presentaran un nítido desequilibrio patrimonial deberían ser intervenidas , esto es, nacionalizadas, para proceder a su saneamiento. El ejemplo sueco de 1992, aunque de muy inferior dimensión, puede ser un referente. Los Bancos solventes continuarían en el mercado. Los Zombis, insolventes e incapaces de otorgar nuevos préstamos, serían apartados hasta una nueva y viable encarnación. La actividad se reanudaría en un escenario depurado y creíble.

Con posterioridad, cortada la sangría y restablecida la confianza, las entidades intervenidas con cargo al erario publico y en consecuencia al bolsillo de los ciudadanos, podrían, cuando así convenga, en el número, modo y plazo que sea menester, retornar al libre mercado, permitiendo a aquellos que han sufragado la intervención recuperar, en su caso, vía ingresos públicos sus contribuciones fiscales.

Solo así se podrá iniciar la normalización de la economía real y acometer las medidas de medio plazo, sistémicas y de gobernanza, que reclama vehementemente la colectividad.

domingo, 22 de febrero de 2009

Capitalismo 3.0. (El Correo 22.02.09)

Capitalismo 3.0.

Manfred Nolte

Pocos postulados científicos han resultado tan provocativos como el atribuido a Charles Darwin en relación a “la supervivencia del mas apto”, acuñado en realidad por su coetáneo Herbert Spencer, y que el autor de “El Origen de las especies” prefirió sustituir por el de la “selección natural”. Las revolucionarias teorías del naturalista ingles se aprovecharon como forma de justificación de diferencias sociales y raciales, sobre todo del maltusianismo imperante en la época. El termino “darwinismo” fue apropiado como fundamento del progreso libre del mercado, del capitalismo radical, y aun del colonialismo y el neoimperialismo.

En cualquier caso el homo sapiens evolutivo no reniega ideológicamente de una ficción anterior, la del “homo economicus” que maximiza su utilidad tratando de obtener los mayores beneficios posibles con el menor esfuerzo. En palabras de Adam Smith, “al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho mas eficazmente que si de hecho intentase fomentarlo”, como parte integrante de un sistema –el liberal- donde una mano invisible guía al mercado asignando de forma optima los bienes de la economía, compensando los desequilibrios y predeterminando aquellas instituciones que hacen innecesaria, o incluso nociva, la presencia del Estado.

El primer capitalismo versión 1.0., traducción en lo económico del ideario liberal que considera al individuo la unidad última y fundamental del orden social, ha acarreado ingentes dosis de progreso a la humanidad, crecimiento sin precedentes en Europa y el norte del continente americano, con una reducción meteórica de la tasa de desempleo, el nacimiento del estado del Bienestar, el advenimiento de Asia como una región de crecimientos espectaculares, la expansión de amplias zonas de Latinoamérica, la transformación de China y otras muchas bondades mas.

Pero simultáneamente las bolsas de pobreza del planeta se acrecientan arrastrando al desamparo a millones de seres humanos, sin esperanza de supervivencia. Más aun, en contra de sus mas íntimos postulados, el capitalismo liberal se revuelve contra sus propias criaturas desatando cíclicamente devastadores procesos de involución, sometiendo también a los países del norte a una infame dinámica de paro y retroceso en los niveles de renta y bienestar. Karl Marx, que reconoció el inevitable avance del capitalismo como parte de las leyes ciegas de la evolución en el materialismo histórico, estaría obligado a criticarlo y posteriormente a combatirlo por el carácter endémico de las crisis en su sistema de producción. Desde sus raíces morales, los clásicos, Marx entre ellos, denunciaron los estragos económicos y morales, consustanciales a la exaltación sin límites de la doctrina absolutista del “laissez-faire”.

Con la gran Crisis del 29 Keynes instaura una nueva versión, el Capitalismo 2.0. La Teoría General no contempla que el capitalismo se bata en retirada y Keynes trata de refundarlo y hacerlo mas eficiente en un plano de economía mixta, con un papel estelar asignado a la política fiscal, en el marco de una determinada Intervención estatal. Como ha dicho Paul Krugman “Keynes vino a salvar el capitalismo, no a hundirlo”. Al término de la segunda guerra mundial se inicia una era de 25 años de hegemonía del pensamiento keynesiano.

El posterior agotamiento de las políticas de corte intervencionista llevaron a una resurrección del pensamiento liberal, el neo-liberalismo, que encuentra en el “Consenso de Washington” su máxima representatividad. Tras la caída del muro de Berlín y la desaparición del comunismo, muchos de sus seguidores se mudan de la vieja religión de Marx a la renovada mística de los mercados libres.

Pero apenas ha sido un centelleo, un fugaz instante en el mapa de la evolución darwiniana, alrededor de 80 años en los que occidente ha padecido sus crisis cíclicas y recurrentes y el Sur no ha sido capaz de librarse de sus hambrunas y del desamparo secular.

Se ha alzado el telón y tenemos en escena una nueva depresión, la mas grave crisis de superproducción, financiera y real desde los años del gran desastre de Wall Street en 1929, quizás la mas severa de todos los tiempos modernos, desde la revolución industrial.

Los gobiernos de todo el planeta se afanan en aplicar medidas monetarias, de rescate y de estimulo fiscal, para tratar de sofocar el colosal incendio. Aún no lo han conseguido y siguen consumiéndose hectáreas de tejido social.

A medio plazo surge el gran interrogante de la nueva gobernanza. La cuestión no es saber si el neoliberalismo está vivo o muerto, sino averiguar qué o quien lo va a remplazar. Se trata de reinventar el capitalismo y editar su versión 3.0.

domingo, 8 de febrero de 2009

El Davos del Sur. (El Correo 08.02.09)

El Davos del Sur

Manfred Nolte

Días atrás se clausuraba en Belém, en el corazón del Brasil amazónico, el Foro Social Mundial 2009(FSM). Tal vez sea interesante indagar en el trasfondo de una iniciativa que ha tenido un discreto reflejo en los medios de comunicación, no siempre acompañado de una interpretación certera. ¿De qué se trata aquí? ¿Qué buscan y qué hallan estos acontecimientos tumultuarios, mediocremente publicitados, desarrollados con un cierto tono de clase, diferenciada y rebelde?

Aunque sus fundadores se pierden en la discreta ruta del anonimato, el FSM pretende en sus orígenes ser un espacio abierto de encuentro sin proclamaciones unívocas, en el que quepan todo tipo de inquietudes, manifiestos y llamamientos sociales, para participar en un foro de foros, de corte radicalmente civil, donde no tienen asiento oficial ni gobiernos ni partidos. Es ante todo un espacio y no un movimiento, con una clara opción por los pobres del mundo, centrada en un “altermundismo” (otro mundo es posible)superador del liberalismo radical, manchesteriano y desintegrador.

El FSM se erige así en el embrión de la sociedad civil global donde la estrategia política no es lo importante, ya que se sostiene que no debe haber estrategias, salvo la de una estricta horizontalidad incluyente de todo y de todos, en lucha solo contra los fundamentalismos, la xenofobia, el racismo y todas las demás formas de exclusión y violencia. Comprometido con un código de transición que no tiene por que ser rápido ni ordenado, asume quizá inconscientemente la realidad de que la inclusión amalgama y desordena, que es otra forma de organizar, otro orden, menos jerarquizado, diferente y diverso.

Estos fundamentos han producido y siguen produciendo reacciones múltiples y contradictorias. Las mas banales las de fuera, que tildan al FSM de carnaval reivindicativo, campamento de verano del voluntariado, o de feria anual del turismo revolucionario, al tiempo que se interrogan sobre el origen de los fondos que sufragan desplazamientos y manutención, lanzando el dardo envenenado de que “alguien financiará todo eso”.

Pero mas allá de esas miserias, las criticas internas, mas sustantivas, surgen de su misma diversidad, que torna en contrincantes a dos buenas ideas y enfrenta serena y pacíficamente dos objetivos legítimos y dos nobles ideales, opinables y alternativos.

El carácter no piramidal ni jerárquico del Foro incomoda a quienes tienen prisa por el cambio y buscan los paradigmas tradicionales de la acción y los modos de la política. Los verdes creen mas en su ideario que en el de los rojos, y estos lógicamente revierten el sentido de la creencia. A unos les conforta que el foro sea plural y tolerante y aplauden al ver caminar juntos a un grupo de Caritas y a otro de gays en absoluto pié de igualdad. A otros les sigue sorprendiendo que un autobús con aire acondicionado, convertido en discoteca, flanquee una manifestación.

¿Es útil un espacio de encuentros, que no llega ni a conclusiones ni a consensos aunque trate de generar alguna consigna final de acción, por ejemplo en torno al G8 del 2 de abril en Londres? Frente a los movimientos de base o del campesinado, ¿es excesiva la influencia de las ONGs, que se erigen en superestructura moderada, despolitizando al grupo al dividir lo social y lo político y porque en la mayoría de los casos las ONGs ,ellas mismas, carecen de autonomía?

La contradicción de la variedad y de la pluralidad no alberga otro común denominador que el de la simple y llana manifestación. Belem, como sus predecesoras ha sido sobre todo espacio de manifestación y de testimonio, ejercicios primarios y envolventes de una ideología de base a veces no concluyente y siempre difícil de ensamblar.

¿Que queda entonces de perspectiva de progresión al FSM?¿ No es un ejercicio iterativo mezcla de marcha social y carnaval alborotado que no sustituye a nada ni a nadie? Y lo que es mas importante, ¿cual es su identificador meridiano, aquello que a los ojos del ciudadano lo convierte en bueno o lo reputa negativo y condenable?

Adedukawa Rodrigues, un indígena de 33 años llegó al Foro como representante de la organización Kuyunu del pueblo Ye´kwuana donde nació. Adedukawa viajó desde la comunidad de Tencua , Estado de Amazonas en barco por el Orinoco hasta Puerto Ayacucho, luego hizo un recorrido por tierra hasta Manaos, donde tomó otra embarcación hasta Belém. En total fueron 12 largos días de viaje.

Adedukawa no se arrepiente de su largo viaje. Celebra hallar un espacio abierto a los no privilegiados del mundo para que puedan expresarse libremente y alzar su voz: celebra el hallazgo de una utopia.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Carta de Benedicto (El Correo 02.04.09)

Carta de Benedicto

Manfred Nolte

Los líderes globales se citan hoy en Londres para someterse a una segunda sesión de terapia de grupo, cifrada en 75 millones de dólares. Todos sin excepción llegan aquejados de la misma enfermedad: el mal occidental, un virus surgido en Estados Unidos debido a la incontinencia inmobiliaria y que se ha colado por los entresijos del planeta, sin hacer distingo de culpables o inocentes, y que pronostica para el año en curso la primera caída del producto mundial en más de 70 años.

Otro líder de un Estado diminuto, Benedicto XVI, no ha resistido la tentación –hay tentaciones para la excelencia- de contribuir al evento con alguna reflexión, aunque haya sido por vía postal. En la carta remitida al Presidente del G20, manifiesta entre otras cosas que las crisis financieras se desencadenan cuando, debido a la falta de ética, los operadores del mercado pierden la confianza en su modo de actuación. “Las finanzas, el comercio y los sistemas de producción son creaciones humanas contingentes que, en caso de que se conviertan en objetos de fe ciega, llevan dentro de sí las raíces de su propio fracaso”.

Esa fe ciega en el “homo economicus” y lo que éste representa, están en el trasfondo de una historia de codicia, excesos e ineptitud que ha abocado en el colapso sistémico, y con ello en el cuestionamiento de su construcción ideológica.

“La única base sólida y verdadera es la fe en la persona humana. Por esta razón, todas las medidas propuestas para frenar esta crisis deben tratar, en última instancia (…) de restablecer la ética en el mundo de las finanzas”.

El Vaticano carece de autoridad para privilegiar una determinada teoría económica. De hecho el Papa retrasa su última encíclica porque desea abordar la incidencia social de la crisis “desde una posición razonada y razonable”.

Pero goza de absoluta legitimidad para consignar abiertamente sus postulados éticos, si además, quiere hablar en nombre de aquellos “cuya voz tiene menos fuerza en la escena política”, pero que “sufren más los dañinos efectos de una crisis de la que no son responsables”.

miércoles, 28 de enero de 2009

El aspirante y el campeón. (El Correo 28.01.09)

El aspirante y el campeón.

Manfred Nolte

Entre ayer y el 31 de enero se celebra en Belém, en la amazonia brasileña, la novena reunión del Foro Social Mundial. Y hoy comienza en Davos, la Asamblea Anual del Foro Económico Mundial. La reiterada coincidencia en el tiempo de dos eventos que se atribuyen un lábel mundial no es una mera coincidencia.

El Foro Económico Mundial(FEM) nació en 1971 a iniciativa de Klaus Schwab, un profesor de la Universidad de Ginebra que transformó meteóricamente una modesta plataforma de empresarios europeos en la Fundación mas exclusiva y selecta del planeta. Aparentemente “comprometidos en mejorar el estado del mundo” como reza el texto de la misión, una agresiva aunque ordenada pléyade de altos ejecutivos blancos, en torno a los 50 años de edad, paga sumas desmesuradas por ser socio del Club y sucumbir a la fascinación de la pertenencia, gozando el privilegio de toparse en los pasillos del Auditorio central de Davos-Klosters con un animado corrillo de políticos en ejercicio, capos de multinacionales de postín, algunos premios Nóbel y con el mismísimo Soros o a Bill Gates.

El Foro social mundial(FSM) es inicialmente un movimiento reactivo. En 1992 el empresario brasileño Oded Grajew pensó que además del que Davos representaba, era hora de proclamar de forma pacífica y multitudinaria que “otro mundo es posible”, acuñando así el slogan de la organización. Un proyecto horizontal “alter-globalización”. Según su carta fundacional, el Foro social es un espacio abierto de encuentro para articular acciones por parte de la sociedad civil frente al liberalismo salvaje o cualquier forma de imperialismo y, también, para la construcción de una sociedad orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de estos con la Tierra. Sin estructuras formales el Foro se convierte en un proceso permanente de búsqueda y construcción de alternativas

Desde la primera gran celebración de Porto Alegre en 2001, se han sucedido ocho mas. Cien mil personas de ambos sexos, de todas las razas y colores, de diversas extracciones culturales, sociales y religiosas participarán este año en mas de 2.600 actividades, culminando en un “día de las alianzas” para decidir acciones comunes. Belém, en plena jungla amazónica es una de las mayores reservas forestales, de agua y de biodiversidad del planeta con sus implicaciones medioambientales. Una gran oportunidad para los indígenas quilombolas, habitantes de la ribera, que quieren jugar en el evento un papel central. En este tipo de celebraciones multitudinarias la oferta es desbordante, la puntualidad desigual, la organización mejorable, las traducciones simultaneas mas voluntariosas que certeras. Inevitablemente, también, se cuelan algunas células radicales. A veces surgen propuestas para rediseñar estructuras de mando y crear una mayor cohesión. Pero entonces retorna el espíritu de Grajew para acallarlas. Y luego prosigue la fiesta y la celebración.

El Foro Económico contempla al Social con recelo aunque no lo considere un adversario de talla. Con 38 años de experiencia, posiblemente un adolescente de 9 no resulta amenazante. Pero el eco de la voz plural y anárquica del aspirante rebota en la montaña mágica que corona Davos, inmortalizada por Tomas Mann, alertando que no enmudecerá.

La Asamblea alpina hace honor a la relojería del país anfitrión. Aunque este año se prevé una menor rivalidad en el boato desplegado por las Firmas en cócteles y otras celebraciones restringidas, todo discurre en una ordenada y puntualísima constelación de eventos laterales, sesiones plenarias, y “Workshops” que nunca ocultan el mensaje central: la creación de riqueza como fuente del bienestar, en un sistema liberal y global. . Klaus Schwab manifestaba en un reciente entrevista que ambos proyectos perseguían lo mismo: lograr un mundo mejor. Puede ser. Lo cual no implica, según el Foro social, que la creación de riqueza tenga que ser en detrimento de los mas desfavorecidos, del medio ambiente o de los recursos no renovables. Schwab se atribuye el pragmatismo, tachando a su oponente de meramente ideológico. Pero tampoco es cierto que la convención suiza sea pragmática ,ni que sus deliberaciones contribuyan al cambio de las estructuras del planeta. A la postre se trata de un Club, no de un Organismo multilateral aunque presuma de estar a la altura de ellos.

La globalización está transformando los modos de relación entre los pueblos y sus gentes. Si un mundo plural está interconectado, la única manera de que funcione es fijando unas bases de valores comunes, democráticos, e inclusivos . Pero ese paso no se ha dado. Tampoco entre los dos Foros Mundiales.

domingo, 25 de enero de 2009

El efecto dominó. (El Correo 25.01.09)

El “Efecto dominó”.

Manfred Nolte

Hasta bien pasada la primera mitad del siglo veinte, las naciones comerciaban aprovechando ventajas relativas, sorteando las trabas de sus competidores. La libre circulación de capitales no existía y para efectuar cualquier pago al exterior debían cursarse solicitudes individualizadas. Las medios de transporte eran convencionales y el telex representaba la punta de lanza de la tecnología de la comunicación . En este escenario la economía todavía funcionaba por compartimentos estancos y, a la hora de actuar, los ciclos mostraban un rostro menos severo y mas circunscrito. Cuando apretaba el zapato en America, allí estaban Europa Continental y el Reino Unido para echarle una mano y a la inversa. Los países emergentes y en vías de desarrollo, mientras tanto, esperaban pacientemente la mano milagrosa que les rescatara del infinito gueto de la miseria. El globo estaba relativamente desacoplado.

Hoy en día, desde que formamos parte de la aldea global todo anda revuelto y amontonado. La deslocalización financiera, la rebaja del proteccionismo y la eliminación de fronteras junto a la revolución digital han modificado el paradigma de las relaciones y proporciones mundiales. Entre éxitos sonoros y clamorosas torpezas actuamos en sincronía. Todos vamos en el mismo barco, aunque no igual de confortables, claro está.

Por eso la doctrina del “decoupling” es un mito a desterrar. El “decoupling” sostiene que la crisis tendría que ver solamente con los países centrales. Algo que sucedió en 2001 cuando la economía USA se ralentizó dramáticamente y países como China o India crecían con vigor, y que fue aun más perceptible en las recesiones de 1991 y 1982, donde las correlaciones entre el gigante americano y el resto del mundo fueron sensiblemente menores.

Nada que ver con la cruda realidad actual. Al “decoupling” le sustituye el “efecto dominó”. Nadie es ya inmune a la crisis global. Basta con echar un vistazo a las previsiones de Naciones Unidas para 2009. En un escenario en el que el crecimiento del PIB de los países desarrollados será negativo en un 1,5%, los países pobres pasarán del 5,9% de 2008 al 2,7% del año actual, con lo que el crecimiento del PIB mundial será nulo, pudiendo incluso cerrar en números rojos, cosa que no habría sucedido desde la década de los 30.

Es cierto que las economías en desarrollo van a crecer más que las de los países centrales, pero ese tipo de desacoplamiento relativo no es algo digno de celebrar. Aunque siga siendo positiva, reducir en 3,2 puntos su tasa de crecimiento, algo mas de la mitad de la velocidad de crucero de los últimos cinco años es una catástrofe sin precedentes. El Producto de África caerá desde el 5,1 al 0,1% en 2009. Según el Banco Mundial se estima que un 1% de reducción en el crecimiento de estas áreas marginadas, arrastra a 20 millones mas de personas a la pobreza extrema. El verdadero mensaje que se esconde detrás de estas cifras es que los señores de las finanzas han corrompido el orden mundial y han contagiado su crisis a los países del sur.

Se suponía que los sistemas bancarios de los países en desarrollo estaban blindados frente a bonos titulizados, derivados, y otros artefactos financieros de carga retardada. Y así ha sido, en efecto. No era pensable que el tercer mundo fuese mercado objetivo de Madoff y demás sátrapas de las finanzas. Pero a pesar de ello las economías del planeta están más correlacionadas que en cualquier tiempo anterior. A través de una serie de mecanismos y procesos, el Sur enferma del mal occidental. Algunas causas son de impacto directo como la extremada aversión al riesgo de los inversores internacionales que ha provocado la huida de capitales de estos países buscando el refugio del dólar o el euro congelando y aun repatriando la inversión directa, las dificultades crecientes de refinanciación de la deuda a tipos razonables, y la restricción del crédito. Otros son inducidos por la menor demanda occidental que se traduce en disminución de las exportaciones, y la reducción del flujo de remesas de emigrantes. A ello hay que añadir el deterioro del tipo de cambio y la incidencia de los precios de las materias primas, distinta según la estructura de cada país. Finalmente caben citarse las desfavorables perspectivas que acechan a la Ayuda Oficial recibida de la OCDE, seriamente amenazada.

En esta trama de villanos e inocentes no ha quedado margen para el “decoupling”. Solo se trata de un mito para olvidar.

domingo, 11 de enero de 2009

Dos varas para medir. (El Correo 11.01.09)

Dos varas para medir

Manfred Nolte

La propiedad transitiva de los Conjuntos, aquella que postula que si A está comprendida en B y ésta en C, entonces necesariamente A también estará comprendida en C, es una sencilla y deliciosa muestra del pensamiento lógico. Tanto que, en la práctica, lógica y transitividad suelen considerarse sinónimos. Mucho antes de que Georg Cantor introdujera en 1874 la Teoría de Conjuntos, desde los albores de la civilización, filósofos y pensadores han ahondado en las leyes de la lógica como instrumento para alcanzar la verdad y huir del caos y la anarquía. A menudo se mutila la lógica, y se asume con cínica naturalidad que la medición de las cosas no depende del patrón de medida utilizado, sino de otros factores imprecisos. Llegado el caso se utilizan sin rubor dos varas distintas para medir: una para lo propio y otra para lo de los demás.

En Setiembre de 2008, la escalada de esta crisis sin culpables que estamos padeciendo, produjo en los países más ricos del mundo una reacción fulminante en rescate de sus entidades financieras, seriamente amenazadas. A los tres días de la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de dicho mes, el secretario del Tesoro americano Henry Paulson presentó al Congreso un plan que contenía la intervención pública más radical desde la Gran Depresión y quizá de todos los tiempos. El plan de salvación financiero supera los 1,3 billones de dólares. A las pocas semanas, Gordon Brown anunció un rescate equivalente para el sector bancario británico. Este movimiento provocó reacciones similares en los restantes países europeos alcanzando los 2,8 billones de dólares. Aunque voces muy respetadas como la del Nobel Krugman mantengan posiciones divergentes, existe el consenso de que la gravedad de la crisis justificaba esta intervención sin precedentes.

Pero estas cifras descubren una profunda paradoja al analizarlas en clave de transitividad: En efecto, los 4,1 billones de dólares comprometidos por Estados Unidos y los Gobiernos Europeos para apoyar a las Instituciones financieras infectadas suponen más de 45 veces los 90,7 millardos que dichos países dedicaron en 2007 a la ayuda al desarrollo del Sur. USAID, la Agencia Americana de Ayuda al Desarrollo invirtió 23,2 millardos en ayuda a todos los países en desarrollo en 2007, menos de los 29 millardos de avales firmados a JP Morgan para que este adquiriera Bear Sterns .Solo en el rescate de la aseguradora AIG empleó 152,5 millardos de dólares. Y 306 millardos más en garantizar activos de Citigroup. 306 millardos es una cantidad respetable de dinero: es el 2 por ciento del PIB americano y tres veces la cifra occidental total de ayuda al desarrollo.

Pasando de las cifras a los aspectos sistémicos, la paradoja se agrava al constatar que la vieja noción liberal del mercado autorregulador y suficiente se esfumaba a golpe de Decreto. Los países centrales han decidido una intervención sin contemplaciones en el sector financiero llegando a la participación directa en el capital cuando ha sido necesario, volcando ayudas a discreción sin otro requisito que el de formar parte del sector y presentar un balance comprometido.

Nada que ver con lo aplicado a los Países del Sur. Durante años, los líderes de estos países fueron instruidos por el FMI, Banco Mundial y OMC acerca de las bondades del libre mercado. Para recibir ayudas, los países en desarrollo fueron sometidos a una estricta condicionalidad: debían acometer reformas levantando barreras comerciales y suprimiendo aranceles, desregulando los mercados financieros y laborales, privatizando la industria básica pública, eliminando subvenciones e implantando en su grado más radical políticas de libre cambio. No es sorprendente que el sur se encuentre desconcertado.

De cara al futuro, experiencias pasadas correlacionan las crisis de los países centrales con reducciones de su ayuda al desarrollo. En Setiembre de 2007, los Países donantes anunciaron una inyección adicional de 16 millardos, para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, pero es alto el escepticismo reinante en torno al cumplimiento de tales compromisos. La declaración del G20 contiene una promesa vaga de mantener las cifras existentes.

Por mucho que la crisis sea global y que la interdependencia financiera y real de los países sea incuestionable, la evidencia que emerge de los hechos relatados es extremadamente injusta y cruel: los promotores de la crisis, frente a las victimas inocentes de la misma, siguen utilizando dos varas para medir. En el caso analizado sin el menor embozo ni disimulo.